Neuropsicóloga especialista en Ansiedad Infanto-Juvenil en Gijón

psicologa especialista en ansiedad infantil y juvenil gijonNeuropsicóloga Especialista en Ansiedad Infanto-Juvenil en Gijón

¿Cuántas veces una madre ha mirado a su hij@ y ha pensado: “algo le preocupa más de lo habitual, pero no sé si es normal”.

En el día a día clínico veo con demasiada frecuencia niñ@s y adolescentes que llegan cuando la ansiedad ya se ha arraigado: insomnios persistentes, rechazo escolar, retraimiento social, apatía, tristeza… Si esperamos a que la situación “se solucione sola”, el riesgo es que el cuadro progrese, se cronifique o incluso se complique con depresión, bajo rendimiento o trastornos secundarios.

Aunque la palabra “ansiedad” suena leve, en realidad puede ser el punto de partida de una cascada neuroconductual. En Gijón, las familias que contactan a tiempo tienen ventaja enorme: el momento crítico de intervención puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida o un camino de mayor sufrimiento.

Permíteme explicarte en detalle por qué la ansiedad infantil merece una intervención especializada, cómo reconocerla, cuáles son las consecuencias de no actuar y en qué me diferencio como neuropsicóloga en Gijón.

Datos científicos y respaldo empírico

En Estados Unidos, aproximadamente el 11 % de los niños entre 3 y 17 años tienen un diagnóstico de trastorno de ansiedad en un momento dado. Una revisión sistemática reciente señala que las intervenciones específicas para ansiedad infantil son eficaces para reducir síntomas incluso en niños muy pequeños (primeros años).

La terapia cognitivo-conductual (TCC) sigue siendo el estándar de oro: una revisión reciente identificó que la terapia con componentes CBT es particularmente eficaz para reducir niveles de ansiedad en niños. En un artículo de referencia, Bertie y Hudson (2021) plantean que las intervenciones deben personalizarse tomando en cuenta factores moderadores como comorbilidades, nivel de implicación parental y tipo de trastorno.
En el contexto neuropsicológico, una revisión reciente (Gkintoni & Ortiz, 2023) evidenció que los pacientes con trastorno de ansiedad generalizada presentan déficits sutiles en atención, memoria de trabajo y funciones ejecutivas, lo cual puede interferir con su rendimiento habitual. Otro hallazgo reciente explora la relación bidireccional entre la ansiedad parental y la infantil: la ansiedad de los padres predice aumentos en ansiedad infantil, y viceversa (Shek et al., 2025).
Frontiers

Las intervenciones centradas en los padres también han demostrado eficacia: un meta-análisis reciente (Rienks et al., 2025) concluye que las intervenciones dirigidas a padres (manejo cognitivo, estrategias conductuales y aceptación) reducen significativa y sosteniblemente la ansiedad en los niños.
ScienceDirect

Estos estudios revelan tres ideas clave que sostendré a lo largo del artículo: (1) la ansiedad infantil no es “normal” cuando interfiere con la vida del niño, (2) hay tratamientos con respaldo científico, y (3) el componente parental/neuropsicológico es central.

Señales y síntomas de alerta

Para que los padres puedan identificar si su hijo puede estar desarrollando un trastorno de ansiedad, estos son indicadores concretos:

  • Somática / fisiológica Quejas frecuentes de dolor de cabeza, vómitos o molestias sin causa médica; dificultad para dormir, pesadillas recurrentes, inquietud motriz.
  • Cognitiva / emocional Preocupaciones persistentes (sobre seguridad, rendimiento, separación); anticipación catastrófica (“¿y si me caigo en el cole?”); rigidez mental; baja tolerancia a la incertidumbre.
  • Comportamental Evitación sistemática (clases, actividades sociales), llanto ante la separación, necesidad excesiva de garantía por parte de adultos, voluntades rígidas (“si no hacemos esto, no voy”).
  • Académica / funcional Descenso del rendimiento escolar, tareas que se alargan porque el niño “se bloquea”, quejas frecuentes de que no puede concentrarse por “pensamientos malos”.
  • Relacional / social Retraimiento con amigos, rebeldía ligada al miedo (no quiere salir), sensación subjetiva de que “no encajo”, dificultad en interacciones nuevas.

Un caso clínico ilustrativo: Sofía, 13 años, empezó con pesadillas y quejas de estómago al ir al colegio. Los padres no lo conectaron con ansiedad hasta que empezó a faltar varios días. Cuando acudieron, evaluamos que su nivel de preocupación anticipatoria era tan alto que activaba síntomas vegetativos y evitación escolar. Con intervención precoz, en pocos meses recuperó la asistencia y normalidad emocional.

Contrastemos con el escenario inverso: Carlos, 15 años, comenzó con síntomas leves (insomnio, timidez). Sus padres creyeron que era “fases de adolescente” y demoraron la intervención. A los 9 meses, aparecieron ataques de pánico en el instituto, baja autoestima y rechazo social. El tratamiento fue más largo, más complejo, con recaídas, y el coste emocional fue muy alto.

Consecuencias de no intervenir

Cuando la ansiedad infanto-juvenil se cronifica sin intervención profesional, puede producir consecuencias:

  • Académicas: absentismo escolar, bajo rendimiento, dificultades de atención y concentración.
  • Sociales / relacionales: aislamiento, menor número de amistades, rechazo social, fobia a situaciones nuevas.
  • Emocionales: riesgo aumentado de depresión comórbida, baja autoestima, ideas obsesivas, incluso ideación suicida en adolescentes.
  • Neuroconductuales: sesgos atencionales al peligro, rigidez cognitiva, dificultades ejecutivas o de planificación (especialmente si hay riesgo neuropsicológico).
  • Persistencia en la vida adulta: numerosos estudios muestran que los trastornos de ansiedad en la infancia pueden mantenerse o reactivarse en la adultez si no se tratan adecuadamente.
    AAFP

Por tanto, posponer no es “esperar a ver cómo evoluciona”: es aumentar el riesgo de que el cuadro crezca y se complejice.

La solución profesional: evaluación y tratamiento neuropsicológico

Como neuropsicóloga experta, aplico un protocolo multidimensional:

  • Entrevista clínica estructurada con padres e hijo para recoger historial, factores de vulnerabilidad, antecedentes familiares.
  • Cuestionarios validados de psicodiagnóstico.
  • Pruebas neuropsicológicas focalizadas en atención, memoria de trabajo, funciones ejecutivas, velocidad de procesamiento, control inhibitorio. Esto permite ver cómo la ansiedad está afectando el funcionamiento cognitivo.
  • Escalas de autorespuesta y  observación  para comparar percepción infantil y parental.
  • Registro conductual: análisis de situaciones evitadas, grado de interferencia en la vida diaria, patrones familiares de refuerzo.
  • Con esos datos puedo perfilar un diagnóstico diferencial (p. ej. depresión, TDAH comórbido, trastorno obsesivo), estimar pronósticos y diseñar un plan de tratamiento personalizado.

FAQs (Preguntas frecuentes)

¿A qué edad puede detectarse ansiedad infantil?
Desde edades tempranas: incluso en preescolares puede observarse temores excesivos, evitaciones o alteraciones del sueño. Estudios muestran que niños con alta inhibición social precoz tienen riesgo incrementado de desarrollar ansiedad más adelante

Mi hijo toma pastillas para la ansiedad, ¿sirve el abordaje psicológico?
Sí. La medicación sola no aborda los factores cognitivos, conductuales y familiares que son, en realidad, la causa.

¿Y si los padres también sufren ansiedad?
Es importante abordarlo paralelamente: la ansiedad parental predice aumentos en la ansiedad infantil y la relación es bidireccional

¿Se pueden prevenir los trastornos de ansiedad?
Sí. Programas preventivos tempranos, especialmente en familias con antecedentes o niños con rasgos de riesgo (inhibición social, temperamento ansioso) pueden reducir la incidencia de trastornos. Ginsburg et al. (2009) demostraron reducción de incidencia en 1 año con intervención familiar breve

Conclusión

Cada minuto que pasa puede reforzar la red de pensamientos ansiosos, conductas evitativas y desgaste emocional. Pero no estás solo: con un diagnóstico riguroso, un tratamiento basado en evidencia y una estrategia familiar, es posible reconducir el camino hacia una vida más libre, segura y plena para tu hij@.

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