Psicología Infanto-Juvenil | Gijón

Altas Capacidades en Niños Gijón | Evaluación e InformeAltas Capacidades | Evaluación en niñ@s y adolescentes

Como neuropsicóloga infantil con más de dos décadas de práctica en Gijón, constato de forma reiterada un fenómeno crucial para el bienestar del niño/a y del adolescente: la gestión clínica y educativa de las Altas Capacidades Intelectuales (ACI). Bajo rótulos aparentemente sencillos —“es muy inteligente”, “se aburre en clase”— suele ocultarse un perfil neurocognitivo complejo, frecuentemente acompañado de asincronía del desarrollo (desfase entre capacidades intelectuales, maduración emocional y habilidades ejecutivas) y de un desajuste instruccional sostenido. En este contexto, las ACI deben considerarse una necesidad específica de apoyo educativo y de seguimiento clínico, no un atributo suficiente para la autorregulación del propio itinerario académico o socioemocional.

La identificación rigurosa de la ACI no es un reconocimiento honorífico, sino una intervención preventiva esencial para la estabilidad emocional y social del menor. La ausencia de detección y de respuesta educativa adecuada incrementa el riesgo de fenómenos como infrarendimiento, desmotivación crónica, sobreadaptación (enmascaramiento de necesidades), alteraciones internalizantes (ansiedad, ánimo deprimido) y externalizantes (oposición, conductas de evitación), así como dificultades en funciones ejecutivas (planificación, control inhibitorio, tolerancia a la frustración). En términos clínicos, las AACC puede coexistir con otras condiciones (doble excepcionalidad), lo que exige diagnóstico diferencial preciso y coordinación con el entorno escolar y familiar.

La evidencia científica respalda la evaluación neuropsicológica y psicoeducativa como primer paso cuando existe malestar o desajuste: delimitar el perfil cognitivo (razonamiento, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento), la pragmática social y la autorregulación emocional, y traducirlo en un plan de intervención con diferenciación curricular (enriquecimiento, compactación, retos guiados), entrenamiento en funciones ejecutivas, psicoeducación emocional y acompañamiento a la familia. Ignorar un perfil ACI —o asumir que la inteligencia “se basta”— constituye una omisión con potencial impacto clínico y académico relevante. Por ello, la actuación debe ser temprana, técnica y coordinada, alineando criterios clínicos y educativos para asegurar el bienestar psicológico, la continuidad motivacional y el desarrollo armónico del/la menor.

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