Agresividad infantil: tratamiento en Gijón
Agresividad infantil: tratamiento en Gijón
Un error generalizado y, la verdad, lógico por parte de personas no expertas en el tema de la agresividad infantil es pensar que todas las agresividades son iguales, que responden a las mismas causas, que tienen los mismos objetivos y que todas equivalen a violencia.
Algunos (hay más) de estos tipos de conductas agresivas son:
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Agresión reactiva
Motivada por amenaza, miedo o frustración.
(Hubbard et al., 2010). -
Agresión proactiva
Orientada al objetivo, instrumental o coercitiva.
(Fite et al., 2006). -
Agresión expresiva
Descargas emocionales desreguladas. - Agresión exploratoria
Es un radar relacional, busca información, no poder.
Según estudios longitudinales clásicos (Tremblay, 2000; Côté, Vaillancourt & Barker, 2007), aproximadamente el 70% de los niños entre 3 y 7 años presenta conductas de exploración relacional que incluyen empujar, contrariar normas o “desafiar” de forma repetida para evaluar la consistencia del adulto.
En este artículo, me centraré en explicar la «agresividad exploratoria», dado que es la más frecuente y también la de mejor pronóstico, si se interviene a tiempo, pues puede hacerse crónica.
En psicología del desarrollo contemporánea, el término agresión exploratoria se refiere a un conjunto de conductas que imitan la agresión, pero cuyo propósito no es dañar, dominar ni someter, sino explorar el entorno físico, social y relacional del niñ@, poniendo a prueba:
- límites conductuales,
- coherencia normativa,
- previsibilidad del adulto,
- respuestas afectivo-regulatorias del sistema familiar.
Indicadores diferenciales: exploración vs agresión
1. Indicadores de agresión exploratoria
- Búsqueda de reacción del adulto
- Se detiene cuando hay coherencia normativa
- Función relacional: testeo de límites
- Aparece solo en subsistemas específicos
- Reacción del niño cuando el adulto se regula: calma nerviosa
2. Indicadores de agresión real (hostil o instrumental)
- Intencionalidad de dañar
- Activación simpática elevada (piel rojiza, respiración rápida)
- Persistencia incluso con límites firmes
- Poca lectura emocional del otro
- Repetición en múltiples contextos
- Búsqueda de poder, no de coherencia
Caso clínico típico de agresividad exploratoria:
Pre-adolescente con conducta disruptiva (11 años): “El niño que solo desafía en casa”
Historia clínica y contexto familiar
Nombre ficticio: Daniel (11 años)
Motivo de consulta: Conducta desafiante en casa: gritos, provocaciones, empujones, insultos hacia la madre, explosión emocional, difícil calmarse. En el colegio: comportamiento normal, respeto de normas, rendimiento académico promedio, ninguna incidencia disciplinaria.
Estructura familiar:
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Madre: función de organizadora del hogar, gestión de tareas, horarios, etc, emocionalmente reactiva, muy demandante consigo misma, desbordada, puede o no trabajar además fuera de casa.
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Padre: estilo evitativo, poco involucrado en límites, absorbido por su trabajo.
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Relación parental: distanciamiento emocional, falta de alianza parental ante el hij@.
Elementos clave del sistema familiar:
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Jerarquía difusa: la madre sostiene la disciplina sola.
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«Alianza» madre–hijo: alianza funcional-afectiva, pero disfuncional en regulación.
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Padre periférico → triangulación.
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Narrativa dominante: “Daniel es desafiante y no atiende razones”.
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No hay indicadores de disfunción ejecutiva desde la evaluación neuropsicológica. (conductas normativas en escuela y deporte).