Psicóloga Infantil-Juvenil en Gijón

“Psicóloga infantil en Gijón realizando evaluación neuropsicológica con un niño.”PSICÓLOGA INFANTIL-JUVENIL EN GIJÓN

Psicología infantil y juvenil

La psicología infantil-juvenil requiere una comprensión profunda del desarrollo madurativo-cognitivo, emocional y conductual del niñ@ o adolescente. En mi consulta en Gijón, abordo de forma integral las dificultades emocionales, cognitivas y conductuales de niños y adolescentes desde un enfoque psicológico-clínico y neuropsicológico, lo que permite comprender no solo “qué ocurre”, sino también por qué ocurre.

Los problemas más frecuentes que atiendo incluyen:

  • Trastornos de ansiedad infantil y escolar, incluyendo ansiedad por separación, fobia escolar o ansiedad generalizada.

  • Problemas de conducta y control de impulsos (rabietas, desobediencia, agresividad, frustración explosiva).

  • Trastornos del neurodesarrollo: TDAH, trastornos del espectro autista (TEA), dislexia, TEL, retraso madurativo o dificultades de aprendizaje específicas.

  • Problemas emocionales (baja autoestima, tristeza, inseguridad, somatizaciones, miedos, depresión).

  • Altas capacidades
  • Diagnósticos diferenciales (problemas que comparten síntomas, pero son cosas distintas como el Tel y el TEA, etc)

El hecho de ser psicóloga y además especialista en neuropsicología clínica infantil me permite realizar diagnósticos diferenciales precisos, es decir, diferenciar cuándo los síntomas se deben a una alteración del neurodesarrollo y cuándo obedecen a un trastorno emocional o contextual o diferenciar entre diagnósticos que problemas que se solapan.

Este enfoque evita tratamientos erróneos y orienta intervenciones verdaderamente eficaces y basadas en evidencia (American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 2024; NICE Guidelines, 2023).

Diagnóstico diferencial: comprender antes de intervenir

El diagnóstico diferencial es el proceso mediante el cual el psicólogo clínico analiza, a través de la evaluación neuropsicológica, las causas profundas de un comportamiento. No se trata solo de “poner nombre”, sino de distinguir con precisión entre trastornos que comparten síntomas.
Por ejemplo, tanto el TDAH como el trastorno de ansiedad pueden cursar con inquietud e impulsividad, pero los mecanismos o causas implicadas son distintas: uno responde a una disfunción ejecutiva y otro a hiperactivación del sistema nervioso. (Luna et al., Developmental Cognitive Neuroscience, 2022).

La evaluación neuropsicológica avanzada combina observación clínica, pruebas estandarizadas y análisis funcional de la conducta. El resultado no es solo un diagnóstico, sino una comprensión integral del niñ@ y su entorno.

En Gijón, recibo familias de toda Asturias, Cantabria, León y Galicia, atraídas por la especialización en neuropsicología infantil —una disciplina aún escasamente disponible en estas regiones— y por la precisión con la que se orientan los planes de intervención personalizados.

Caso clínico 1: Problemas de conducta explosiva o trastorno de conducta

Daniel, un niño de 9 años, acudió derivado por su colegio por crisis de ira y agresividad. Los informes escolares sugerían “trastorno de conducta”. Sin embargo, la evaluación neuropsicológica reveló un patrón de baja tolerancia a la frustración, inmadurez ejecutiva y dificultades en la autorregulación emocional vinculadas a un entorno familiar altamente estresante.
El diagnóstico final fue trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo (DMDD), no un trastorno de conducta. La intervención combinó entrenamiento en autorregulación emocional, psicoeducación familiar y coordinación con el colegio. En tres meses, la mejora fue notable.

Este tipo de casos ilustran la importancia del diagnóstico diferencial: un tratamiento conductual rígido sin entender la base emocional habría empeorado el cuadro. (Blair & Ursache, Annual Review of Psychology, 2023).

Caso clínico 2: Ansiedad generalizada o ansiedad escolar

Lucía, de 11 años, presentaba rechazo escolar progresivo, cefaleas matutinas y llanto al separarse de sus padres. Su pediatra planteó un diagnóstico de ansiedad generalizada. No obstante, las entrevistas y el análisis de contingencias revelaron que los síntomas aparecían solo en contextos escolares y estaban vinculados a una experiencia de acoso leve no verbalizada.
El diagnóstico fue ansiedad escolar con evitación fóbica, lo que permitió diseñar un plan de exposición gradual, entrenamiento en afrontamiento y colaboración con el centro educativo.


Este caso subraya cómo la neuropsicología clínica aplicada a la infancia permite comprender los mecanismos de ansiedad desde un enfoque integrador, donde los factores cognitivos, emocionales y contextuales se abordan conjuntamente (Kendall et al., Journal of Child Psychology and Psychiatry, 2023).

Impacto clínico y humano de la intervención psicológica

Diversos estudios longitudinales demuestran que las intervenciones psicológicas no demoradas reducen significativamente el riesgo de cronificación y mejoran el rendimiento académico y emocional (Kazdin, Clinical Child Psychology and Psychiatry, 2022; Dawson & Pennington, Neuropsychology Review, 2024).
En la práctica clínica, esto se traduce en niños más seguros, funcionales y resilientes, y en padres más tranquilos y con recursos emocionales para acompañar su desarrollo.