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Mi hij@ siempre está enferm@ y los análisis son normales | ¿qué valorar?

Madre preocupada por su hijo que enferma a menudo aunque los análisis salen bien
Cuando un niño enferma a menudo y los análisis salen bien, conviene mirar cómo se relacionan el intestino, las defensas y el cerebro.

Mi hij@ siempre está enferm@ y los análisis son normales: ¿qué más se puede valorar?

Tu hijo encadena un catarro con una otitis, la otitis con una gastroenteritis, el dolor de barriga con dolor de cabeza, el dolor de cabeza con que cada vez come menos, etc  y vuelves del pediatra con la misma frase: “está todo bien, ya se le pasará”. Los análisis salen correctos. Y sin embargo, el niño no termina de levantar. Si te suena, este artículo es para ti.

Voy a ser clara desde el principio, porque mereces honestidad y no alarmismo.

La buena noticia: enfermar mucho casi nunca es un problema

Un niño sano que va a la guardería o a los primeros cursos de colegio puede tener entre 6 y 8 infecciones respiratorias al año, a veces más. No es debilidad. Es su sistema inmune aprendiendo a reconocer virus que nunca había visto. La repetición de estos episodios es, en la mayoría de los casos, una señal de entrenamiento, no de fallo.

Por eso, antes de pensar en nada más, conviene tener esto claro: la mayoría de las veces, un niño que enferma con frecuencia no tiene ningún problema de fondo.

Cuándo sí merece la pena mirar más allá

La clave no es el número de infecciones por sí solo. Es cuando varias señales aparecen juntas y de forma persistente. Por ejemplo:

  • Infecciones de repetición que se recuperan despacio o peor de lo esperable.
  • Además de las infecciones, síntomas digestivos frecuentes (dolor de barriga, hinchazón, alteraciones del tránsito).
  • Cansancio que no cuadra con la edad, sueño poco reparador.
  • Irritabilidad, cambios de humor o dificultad para concentrarse que han aparecido o empeorado en paralelo.

Cuando estas cosas se agrupan y se mantienen en el tiempo, tiene sentido ampliar la mirada más allá de cada infección aislada.

Lo que SIEMPRE va primero: El/LA Pediatra

Antes de cualquier otro enfoque, el pediatra debe descartar causas orgánicas: anemia o ferropenia, problemas de tiroides, alergias, y, en los casos que lo justifiquen, una valoración de las defensas. Esto no es opcional ni negociable. Ningún abordaje complementario sustituye ese paso.

Si tu pediatra ya ha hecho este trabajo y los análisis salen normales, no significa que “no haya nada”. Significa que las causas más frecuentes están descartadas, y que quizás toque mirar cómo se relacionan entre sí varios sistemas del cuerpo.

La conexión entre el intestino, las defensas y el cerebro

Aquí entra una perspectiva que en los últimos años ha ganado mucho respaldo científico. La microbiota intestinal —los millones de microorganismos que viven en el intestino del niño— actúa como uno de los principales entrenadores del sistema inmune durante la infancia. Cuando ese ecosistema se desequilibra (lo que se llama disbiosis), la respuesta inmune puede volverse menos eficaz y más desordenada.

Lo interesante es que ese mismo eje conecta también con el cerebro.

La investigación sobre el eje microbiota-intestino-cerebro muestra que las señales que parten del intestino pueden influir en el sistema nervioso, en el sueño, en el ánimo y en la capacidad de atención del niño. No es casualidad que muchos padres describan a la vez “se pone malo mucho” y “está más irritable y le cuesta concentrarse”.

Una causa frecuente de desequilibrio en niños es el uso repetido de antibióticos, justamente algo habitual cuando hay infecciones de repetición. Se genera entonces un círculo que conviene entender en conjunto, no por piezas sueltas.

 

¿Qué aporta una evaluación neuropsicológica en estos casos?

Cuando las infecciones de repetición van de la mano de bajo rendimiento escolar, fatiga o problemas de atención, hay una pregunta que conviene responder con datos: ¿cuánto de eso es cansancio físico y cuánto es una dificultad cognitiva/ambiental real?

Una evaluación neuropsicológica completa mide de forma objetiva la atención, la memoria, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas. Permite separar lo que es agotamiento de un niño que enferma mucho, de lo que podría ser una dificultad de base que el cansancio está amplificando. Por eso, en mi consulta, toda valoración de este tipo incluye siempre una evaluación neuropsicológica.

Hasta dónde llega este enfoque (y hasta dónde no): Psiconeuroinmunología

  • Este enfoque no cura infecciones ni reemplaza al pediatra, al inmunólogo ni a ningún especialista médico.
  • No es una solución mágica ni un “tratamiento natural” que sustituya a la medicina convencional.
  • La evidencia sobre el eje intestino-inmune-cerebro es sólida y creciente y permite diagnosticar y tratar determinadas afecciones determinadas por el eje intestino-cerebro.

Ofrece es una forma de ordenar y entender un cuadro que, mirado pieza a pieza, no terminaba de encajar.

 

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Cuántas infecciones al año son normales en un niño?

En niños pequeños escolarizados, entre 6 y 8 infecciones respiratorias al año entran dentro de lo esperable. El número por sí solo no indica un problema; lo que orienta es cómo se recupera el niño y qué otros síntomas le acompañan.

Si los análisis salen bien, ¿tiene sentido seguir buscando?

Unos análisis normales descartan las causas más frecuentes, que es justo lo que queremos. Si pese a ello el niño sigue sin estar bien y se agrupan varios síntomas, tiene sentido mirar cómo se relacionan los distintos sistemas, no repetir los mismos análisis.

¿Esto sustituye a mi pediatra?

En absoluto. Es complementario. El pediatra sigue siendo la referencia para la salud de tu hijo; este es un enfoque que complementa a la medicina cuando hace falta.

¿Te suena tu caso?

 

Rebeca Rodríguez Escudeiro — Neuropsicología Clínica y PNI, Gijón (Asturias).

Si tu hijo enferma a menudo, los análisis salen bien y notas que además está más cansado, irritable o le cuesta concentrarse, puedo valorarlo en conjunto.

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