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Antibióticos-Disbiosis: diarrea/estreñimiento en Gijón

Ilustración del eje intestino-cerebro en neuropsicología pediátrica en GijónDespués de los antibióticos, el intestino de mi hij@ nunca volvió a ser el mismo: qué está pasando y qué puedes hacer.

Conozco bien esta conversación.

«Desde que le dieron los antibióticos por la otitis, mi hijo ya no hace caca bien.» «Tiene diarrea casi todos los días y el pediatra dice que está bien.» «Lleva tres años con la tripa hinchada y nadie sabe por qué.»

Si te suena, no estás sol@. Y lo más importante: tu intuición de que algo cambió después de los antibióticos tiene una base científica sólida. Porque algo sí cambió. Y en muchos casos, sin la intervención adecuada, ese cambio puede durar años.

En este artículo te explico qué ocurre en el intestino de tu hijo cuando toma antibióticos, por qué algunos niños no se recuperan solos, y qué se puede hacer al respecto desde la Psiconeuroinmunología Pediátrica.

Lo que nadie te explica cuando el médico receta antibióticos

Los antibióticos salvan vidas. Esto es innegociable y hay que decirlo con claridad. Cuando un niño tiene una infección bacteriana grave, los antibióticos son la solución correcta y necesaria.

El problema no son los antibióticos en sí. El problema es lo que nadie suele explicarte cuando los prescribe: que junto con las bacterias malas que están causando la infección, los antibióticos también eliminan una parte importante de las bacterias beneficiosas que viven en el intestino de tu hijo. Y en el organismo en desarrollo de un niño, eso tiene consecuencias que van mucho más allá de unos días de diarrea.

Los niños son el grupo de edad con mayor exposición a antibióticos. Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Allergy (septiembre 2024) por investigadores de las universidades de Lausana y Amberes señala que más de dos tercios de los niños reciben antibióticos antes de cumplir dos años, con una media de casi tres tratamientos durante el primer año de vida.

📌 Frontiers in Allergy. «The effect of antibiotics on the intestinal microbiota in children – a systematic review.» Frontiers in Allergy. 2024. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11491438/

Más de dos tercios de los niños reciben antibióticos antes de cumplir dos años. En ese mismo período, su microbiota intestinal está en plena construcción. La coincidencia no es inocua.

¿Qué le pasa exactamente al intestino de tu hij@?

El intestino de un niño sano alberga billones de microorganismos — bacterias, hongos, virus — que trabajan juntos en un equilibrio muy preciso. Ese ecosistema tiene nombre: microbiota intestinal. Y sus funciones van mucho más allá de la digestión: regula el sistema inmunitario, produce neurotransmisores como la serotonina, protege la barrera intestinal y se comunica constantemente con el cerebro.

Cuando llegan los antibióticos, actúan como un incendio en ese ecosistema. Eliminan las bacterias patógenas que causan la infección, sí, pero también arrasan con colonias enteras de bacterias beneficiosas que tardaron meses o años en establecerse.

¿Cuánto tiempo tarda en recuperarse?

Aquí está el dato que más sorprende a los padres: la recuperación puede no ser completa, y en algunos casos los cambios persisten durante meses o incluso años.

Una revisión publicada en Cureus (mayo 2025) titulada «The Lasting Imprint of Antibiotics on Gut Microbiota» concluye que «incluso después de cesar el tratamiento antibiótico, ciertas poblaciones microbianas pueden no recuperar sus niveles basales, con reducciones significativas en diversidad y resiliencia». Algunos tratamientos con ampicilina, vancomicina, metronidazol o neomicina producen cambios en la microbiota que los autores describen como irreversibles en cuanto a diversidad.

📌 Suvvari TK et al. «The Lasting Imprint of Antibiotics on Gut Microbiota: Exploring Long-Term Consequences and Therapeutic Interventions.» Cureus. 2025;17(5):e84114. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12165447/

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Gut Microbes (2021) por McDonnell et al., que analizó 4.668 publicaciones y seleccionó 12 estudios de alta calidad en niños de 0 a 18 años, encontró «evidencia de que los antibióticos se asocian con alteraciones en la microbiota durante hasta 2 años» después del tratamiento. Los macrólidos como la azitromicina — muy usada en otitis y neumonías pediátricas — causaron el daño más significativo y duradero, con reducciones importantes de Bifidobacterias y Lactobacillus.

📌 McDonnell L et al. «Association between antibiotics and gut microbiome dysbiosis in children: systematic review and meta-analysis.» Gut Microbes. 2021;13(1):1-18. PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7928022/

El tipo de antibiótico importa mucho

No todos los antibióticos afectan igual a la microbiota infantil. Es importante que lo sepas:

  • Los macrólidos (azitromicina, claritromicina) — muy prescritos en otitis y bronquitis — son los que producen el daño más profundo y duradero en la microbiota infantil.
  • Las penicilinas (amoxicilina) tienen un impacto más limitado y la microbiota suele recuperarse con más facilidad.
  • Los tratamientos repetidos son acumulativamente más dañinos que un tratamiento único.

Un estudio publicado en Nature Communications por Korpela et al. con 142 niños finlandeses de 2 a 7 años encontró que el uso de macrólidos se asociaba con «un cambio duradero en la composición y el metabolismo de la microbiota», incluyendo depleción de Actinobacterias, aumento de Bacteroidetes y Proteobacterias, y — dato muy relevante — mayor riesgo de asma y predisposición al sobrepeso asociado a antibióticos.

📌 Korpela K et al. «Intestinal microbiome is related to lifetime antibiotic use in Finnish pre-school children.» Nature Communications. 2016;7:10410. https://www.nature.com/articles/ncomms10410

Lo que la disbiosis post-antibiótica puede provocar en tu hijo

La disbiosis — el desequilibrio de la microbiota — no es un problema solo digestivo. Tiene consecuencias en cadena que afectan al sistema inmunitario, al cerebro y al metabolismo. Estas son las consecuencias más documentadas en niños:

  1. Problemas digestivos persistentes

La conexión más directa. Una revisión sobre estreñimiento funcional y microbiota en niños publicada en PMC concluye que las perturbaciones de la microbiota por antibióticos se asocian con «tránsito gastrointestinal enlentecido, menor frecuencia de deposiciones y alteración de la contractilidad del músculo liso intestinal». Dicho en «cristiano»: el intestino literalmente se mueve peor cuando la microbiota está desequilibrada.

📌 Mugie SM et al. «Functional Constipation and the Gut Microbiome in Children: Preclinical and Clinical Evidence.» PMC. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7856458/

Esto explica por qué muchos niños desarrollan estreñimiento crónico, diarreas recurrentes, hinchazón y gases después de tratamientos antibióticos. No es casualidad. Es biología.

  1. Mayor vulnerabilidad inmunitaria

La microbiota intestinal es el principal entrenador del sistema inmunitario en la infancia. Cuando se desequilibra, el sistema inmunitario pierde parte de su capacidad de respuesta y regulación. Una revisión publicada en Frontiers in Nutrition (2025) señala que el abuso de antibióticos en niños se ha asociado con consecuencias como obesidad y asma, mediadas por la disbiosis de la microbiota intestinal.

📌 Frontiers in Nutrition. «The early-life gut microbiome in common pediatric diseases: roles and therapeutic implications.» 2025. https://www.frontiersin.org/journals/nutrition/articles/10.3389/fnut.2025.1597206/full

En la práctica clínica, esto se traduce en los niños que «pillan todo lo que pasa», que tienen otitis recurrentes, infecciones respiratorias de repetición o que no terminan de estar bien nunca del todo. Un círculo en el que cada nueva infección requiere más antibióticos, que a su vez dañan más la microbiota.

  1. Impacto en el neurodesarrollo y la conducta

Este es el punto que más directamente conecta con mi especialidad como neuropsicóloga, y el que más sorprende a los padres.

Una revisión de eClinicalMedicine (The Lancet, 2024) sobre la exposición a medicamentos en la primera infancia y su impacto en la microbiota concluye que los trastornos del neurodesarrollo —incluyendo autismo, TDAH y trastorno del lenguaje— son condiciones crónicas asociadas a alteraciones en el sistema nervioso central, y que «la primera infancia es una ventana crítica para el desarrollo del sistema nervioso» en la que los cambios en la microbiota pueden tener consecuencias duraderas.

📌 eClinicalMedicine (The Lancet). «Exposure to prescribed medication in early life and impacts on gut microbiota and disease development.» 2024. https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(24)00007-5/fulltext

Una revisión sistemática que siguió cohortes de infantes encontró asociaciones entre el uso temprano de antibióticos y un aumento del riesgo de asma (HR 1,24), obesidad (HR 1,21) y TDAH (HR 1,15). El riesgo aumentaba con el número de cursos de antibióticos y era mayor para las cefalosporinas.

📌 Revista Iberoamericana de Psicología del Ejercicio y el Deporte. «Early-life antibiotic exposure and its influence on the gut microbiome.» 2025. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/10398003.pdf

No estoy diciendo que los antibióticos causen TDAH. Estoy diciendo que existe una asociación estadística entre el uso temprano y frecuente de antibióticos, la disbiosis de la microbiota y mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo. Son datos que los padres merecen conocer.

¿Cómo sé si mi hijo tiene disbiosis post-antibiótica?

No existe un test en el médico de cabecera que lo diagnostique directamente. Pero hay un perfil clínico bastante reconocible. En mi consulta, cuando los padres me describen este cuadro, lo primero que exploro es el historial antibiótico del niño:

  • Historial de alto riesgo: Tres o más tratamientos antibióticos en los primeros dos años de vida, especialmente con macrólidos.
  • Síntomas digestivos post-antibiótico: Diarrea, estreñimiento crónico, gases o hinchazón que comenzaron o empeoraron después de un tratamiento antibiótico.
  • Ciclo infeccioso repetido: Infecciones recurrentes (otitis de repetición, bronquitis frecuentes, amigdalitis) que crean un ciclo de antibióticos constante.
  • Cambios neuropsicológicos: Inicio o empeoramiento de síntomas de TDAH, ansiedad o dificultades de atención tras un período de antibióticos intensivos.
  • Alteraciones del peso: Dificultad para ganar peso adecuadamente o, al contrario, ganancia de peso sin causa dietética clara.
  • Factores de riesgo desde el inicio: Niños con nacimiento por cesárea y lactancia materna corta o inexistente, que ya parten con una microbiota más vulnerable.

¿Qué se puede hacer? El papel de la PNI Pediátrica

La buena noticia es que la microbiota infantil es más plástica que la del adulto: responde mejor a las intervenciones y tiene mayor capacidad de recuperación si se actúa a tiempo y de forma adecuada.

Desde la Psiconeuroinmunología Pediátrica, el abordaje de la disbiosis post-antibiótica incluye varias líneas de trabajo complementarias, siempre en coordinación con el pediatra:

  1. Evaluación del daño y el perfil de riesgo

El primer paso es entender qué pasó exactamente: qué antibióticos se usaron, con qué frecuencia, a qué edad y cuáles son los síntomas actuales. Esto me permite construir una hipótesis clínica sobre qué parte de la microbiota puede estar más afectada y qué intervenciones tienen más sentido.

  1. Alimentación como herramienta terapéutica principal

La dieta es el factor que más impacto tiene en la recuperación de la microbiota. No se trata de prohibir, sino de priorizar los alimentos que nutren las bacterias beneficiosas.

  1. Probióticos y prebióticos: cuándo y cuáles

Este es un campo en el que hay mucho marketing y mucha confusión. Lo cierto es que los probióticos son útiles en casos específicos y con cepas concretas, no de forma indiscriminada y en cualquier momento del proceso, pues antes de repoblar hay que limpiar.

La elección del probiótico correcto depende del perfil clínico del niñ@, no de lo que venden en la farmacia o parafarmacia. En mi consulta, cuando hay indicación, oriento sobre las cepas con mayor evidencia para el cuadro concreto que presenta cada niñ@.

  1. Sueño, estrés y regulación del eje intestino-cerebro

La microbiota y el sueño se influyen mutuamente. Un niño que duerme mal tiene una microbiota más vulnerable, y una microbiota desequilibrada produce metabolitos que dificultan el sueño.

  1. Coordinación con el pediatra: evitar el ciclo

Uno de los objetivos más importantes es romper el ciclo antibiótico-disbiosis-infección-antibiótico. Esto requiere coordinación con el pediatra para evaluar si cada nueva infección realmente necesita antibiótico y si hay estrategias preventivas que puedan aplicarse.

 

Lo que la PNI no puede hacer: honestidad ante todo

⚠️ La disbiosis post-antibiótica no siempre es reversible al 100%. Y no en todos los niños las intervenciones sobre la microbiota producen el mismo resultado. La evidencia es válida pero no infalible (como todo en las cincias de la salud, pues no es una ciencia exacta como las matemáticas en las que 2+2 siempre y en cualquier lugar del mundo serán 4).

Lo que sí te ofrezco es una evaluación rigurosa de si hay factores relacionados con la microbiota que puedan estar contribuyendo a los síntomas de tu hijo, y las intervenciones con mejor base científica disponible para ese perfil concreto.

No sustituyo al gastroenterólogo pediátrico si hay síntomas graves o señales de alarma.

 

Si quieres evaluar el caso de tu hijo desde esta perspectiva,

pide cita en  el 673 265 258 (WhatsApp preferente) o a través del formulario de contacto de

en este ENLACE 

 

Rebeca Rgz. Escudeiro — Neuropsicóloga Clínica Infanto-Juvenil ·  Psiconeuroinmunología

Colegiada nº O-01476 · Centro Sanitario REGISTRO nº C.2.2/5825 ·