prematuridad

Prematuridad e inteligencia

“Prematuridad e Inteligencia”

La prematuridad es un factor de riesgo de daño cerebral que puede afectar el desarrollo intelectual con consecuencias importantes para la calidad de vida. Se calcula que entre el 10 y el 50% de los casos de prematuridad presenta algún grado de discapacidad intelectual, aunque la mayor parte de los estudios muestran que la media grupal del cociente intelectual se encuentra en el promedio bajo pero con diferencias muy significativas al compararlos con niños nacidos a término de las mismas edades. El daño difuso en la sustancia blanca es la patología cerebral más común en esta población y se ha asociado a la presencia de déficits cognitivos, entre ellos el cociente intelectual, por el  importante  papel que juegan los tractos de sustancia blanca en la conectividad funcional.

En cualquier caso, los resultados de las investigaciones son en muchas ocasiones contradictorios, lo que sugiere que el desarrollo cognitivo de los prematuros implica una amalgama compleja de interacciones entre factores biológicos y socio-ambientales.

La prematuridad es un fenómeno frecuente y representa la principal causa de mortalidad perinatal. Según la OMS, anualmente, cerca del 10% de los nacimientos en el mundo son prematuros (15´000,000). Los avances científicos y tecnológicos en obstetricia, medicina fetal y neonatal han aumentado la tasa de supervivencia de manera considerable (95%), lo que ha producido un incremento en la morbilidad debido a la inmadurez de los distintos sistemas biológicos. Las consecuencias neurológicas graves (déficit sensorial profundo, alteraciones motrices graves, deficiencia mental severa etc.), son producto de un daño anatómico y funcional severo del sistema nervioso y ocurren entre el 12-25% de los casos. Se sabe que quienes tienen mayor riesgo de presentarlas son los prematuros extremos y con muy bajo peso. Las secuelas moderadas-ligeras se caracterizan por un incremento en los signos neurológicos menores y llegan a presentarse hasta en el 50% de los casos. Son trastornos funcionales que se describen como retrasos debido a que las funciones afectadas no siguen una trayectoria típica y frecuentemente no muestran evidencia en los estudios de neuroimagen. Pueden presentar un periodo “silencioso” en el que el desarrollo transcurre de manera aparentemente normal o con expresiones sutiles de anormalidad, pero que a partir de la edad preescolar cobran relevancia y se manifiestan como problemas conductuales y/o cognitivos, entre ellos un pobre funcionamiento intelectual.

prematuridadLas alteraciones del desarrollo dependen de la adaptación a múltiples condiciones que ocasionan desvíos en las trayectorias de desarrollo normal que, como en el caso de los prematuros, ocurre en un periodo crítico del desarrollo del sistema nervioso. Para comprender el desarrollo intelectual (y cognitivo en general) de los prematuros es necesario considerar a los procesos mentales como fenotipos, es decir, como el resultado de la interacción compleja del genotipo con el medio ambiente externo. Las diferencias en el desarrollo cognitivo de los prematuros pueden ser atribuidas a distintos factores, entre ellos la severidad de las lesiones cerebrales resultantes, la atención medica recibida, la pertenencia a contextos sociales más favorecidos y la intervención terapéutica temprana, entre otros. Hallazgos recientes sugieren que una gran parte de la conectividad en distintas regiones (prefrontales, parietales y temporales) continúa estableciéndose en el periodo post-natal por lo que la influencia ambiental, sobre dichas conexiones, se incrementa en etapas iniciales de la vida.

La intervención temprana es un aspecto pocas veces considerado cuando se aborda el desarrollo cognitivo en esta población, posiblemente por la escasez de tratamientos sistemáticos; no obstante, existe evidencia de que la aplicación precoz de programas de intervención puede mejorar el pronóstico de estos niños. En un estudio relativamente antiguo (Bradley et al.1994) se demostró que la intervención mediante un programa que proveía de servicios pediátricos básicos, visitas a la casa por parte de personal cualificado para ayudar a resolver problemas familiares y para estimulara los niños mediante juegos y actividades de aprendizaje así como la asistencia a un centro de desarrollo infantil, en un grupo de niños nacidos prematuramente y provenientes de un estrato social bajo, tuvo como resultado la normalización en puntuaciones cognitivas, sociales, de salud y de crecimiento en el 39% de los niños evaluados. Los niños que mostraron mayores signos de resiliencia difirieron de los no resilientes en que sus ambientes fueron más receptivos, estimulantes y organizados.

En otra investigación muy reciente, Harmony et al. (2016) reportaron que la intervención temprana mediante un tratamiento neurohabilitatorio disminuye considerablemente la severidad de las secuelas neurológicas y cognitivas de los niños prematuros y no prematuros con daño cerebral perinatal. Esta mejoría, de acuerdo con los autores, puede deberse a los cambios cerebrales asociados con la plasticidad que se producen como resultado del tratamiento intensivo.

Fuente: Inteligencia y Prematurez / Cynthia Torres-González; Judith Salvador; Julio Flores; Josefina Ricardo-Garcell.Cuadernos de Neuropsicología Panamerican Journal of Neuropsychology

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